Reflexiones sobre la observación de Kenneth Arnold del 24 de junio de 1947 cerca del monte Rainier (Washington). El autor recuerda que todo descansa en el testimonio de un único observador, que los objetos estaban casi en el límite de resolución del ojo —verdaderas «pulgas» voladoras— y que su parecido con los «platillos volantes» es obra de la prensa. Examina, con dos figuras de las trayectorias de la avioneta y de los objetos, la hipótesis de una formación de pelícanos que volaran a unos 80 km/h mientras Arnold cronometraba su paso entre el Rainier y el monte Adams, y analiza qué detalles del relato encajarían o no con ella (cambios de tamaño aparente, inversión del orden de la formación, reflejos del sol), sin llegar a una conclusión firme.
Papers d'Ovnis (Centro de Estudios Interplanetarios, Barcelona), 2.ª época, n.º 22 (octubre-diciembre de 2000), pp. 3-8.
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