Ensayo humorístico que sostiene que la ufología no es una ciencia ni una paraciencia, sino un arte, porque las representaciones de las naves y de sus tripulantes reflejan el diseño y la sensibilidad de cada época. Repasa la evolución de los platillos volantes, de las pesadas «ollas a presión» remachadas de los años cuarenta y cincuenta a las formas de plástico y luces de colores de los sesenta y a las gigantescas naves nodrizas de hoy, y la de los extraterrestres, de la gran variedad de los años sesenta y setenta (con las tipologías de Vallée, Pereira o Huyghe) a la uniformidad de «los Grises», que atribuye a Encuentros en la tercera fase, al caso Hill y a Expediente X. Termina invitando irónicamente a los ufólogos a inventar criaturas acordes con nuestro tiempo.
El Escéptico (ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico), n.º 25 (septiembre-diciembre de 2007), pp. 64-65.
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